Quicksilver

Soy uno de esos afortunados que pueden permitirse el lujo de ir a trabajar pedaleando. A pesar del frío y de lo difícil que lo pone el tráfico y la jefatura de la ciudad, es un gustazo cruzar el centro de Culebra City todas las mañanas. Uno ejercita el equilibrio, las piernas y los reflejos esquivando repartidores de prensa gratuita empeñados en meterte el 20 minutos en el ojo, padres apresurados arrastrando niños al colegio, funcionarios adormilados y empleados de limpieza.
El caso es que esta mañana, entre malabarismos semaforiles, mientras levantaba el culo del sillín para acelerar la marcha me acordado de Kevin Bacon en Quicksilver (1986), una de esas irreales películas ochenteras que nos tragábamos sin pestañerar y que incluso mitificábamos. De hecho por alquel entonces, un curro de mensaka-ciclista por las calles de Manhattan me parecía el summun. Por supuesto, el bueno de kevin, se ve obligado a pedalear para recuperarse de un batacazo como exitoso broker en plena era yuppie.
Hoy me conformo con llegar a la hora, atar la mi vieja Trek híbrida con tres cadenas y cuidarme los sabañones.

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